domingo, 10 de julio de 2011

vendrán días

manolo garcía

celestino mirlín

"Perdona, te puedo haces una pregunta? tú entiendes?"…
Pereza. Esta es la palabra que mejor define lo que se me pasó por la cabeza anoche, cuando un muchachín con cierto aspecto de mirlín cuando lo mirabas de perfil, se me acercó en un bar donde me encontraba buscando risas con mis amigas y me hizo esa pregunta.
Cuando llevas más de media vida aguantando que la gente, te conozca o no, hable sobre tu condición sexual, llega un momento en que te cansas. Reconozco que mi apariencia física no es la más femenina del mundo, que llevo el pelo corto porque me da la gana, que no uso tacones porque me parece una gilipollez estar incómoda pudiendo calzar unas buenas converse y que disfruto viendo el fútbol con una buena caña en mano, aunque jugando no sepa ni darle al balón, pero joder… ya está bien, no? tanto le interesa a la gente con quién me acuesto o no? en serio? Me parece de coña que hoy en día sigan existiendo personajes que se preocupen de esas pamplinas, de verdad…
"A ti no te voy a decir con quién me acuesto, porque simplemente no te importa". Eso fue lo que le contesté anoche al celestino de turno que me preguntó por mi entendimiento. La mayoría de las veces contesto con un "no" tajante, pero ayer lo pensé, y en realidad… porqué narices tengo que dar yo explicaciones, acaso yo las pido?

No se ni porqué estoy perdiendo el tiempo escribiendo sobre esto. Seguirá habiendo gente vacía y aburrida que siga inventándose historias sobre una doble vida homosexual que se supone que llevas, que te siga poniendo la etiqueta que le venga en gana, que te trate de forma distinta porque no sigues el patrón que debe seguir una mujer en la forma de vestir y actuar… En realidad, que piense eso la gente que no te conoce… vale, me da igual, me debe dar igual. Pero ya que lo haga la que te conoce… joooooder, manda huevos! pero bueno, eso es otro tema en el que no voy a entrar, siempre habrá "bocachanclas" aburridas de su propia vida a las que hay que entretener.

Prejuicios y gilipolleces de una sociedad que hemos creado nosotros mismos. Está claro que si te sales de "lo normal" te señalan con el dedo, y lo seguirán haciendo. Que pereza, de verdad...

sábado, 9 de julio de 2011

paloma

porque vivir es jugar, y yo quiero seguir jugando...

andrés calamaro



dedicada a mi pequeña

jueves, 7 de julio de 2011

vinagre y rosas

Pues sí, estuve en Ávila, donde esa noche no arrancaron los coches y se detuvieron todas las factorías, donde se encendieron las velas y se cerraron los teatros y los hoteles, donde dejamos colgada la caprichosa luna sobre los cines.
En otro momento habría dicho que fui feliz bajo el cielo de Gredos, y quizás así fue, y que necesitaba escuchar a Sabina más que nunca, y quizás lo escuché. Puedo hablar de las rosas, que me encantó Calamaro, que disfruté con él más de siete segundos, que me prendí a su botella vacía y que no me lastimaron sus crímenes perfectos. Que no tengo palabras para describir lo que sentí esa noche contigo, Joaquín, que perdí la voz convirtiéndome en un ave de paso, que por momentos soñé con ser Magdalena, que me sentí un pez de ciudad levantándole la falda a la luna y gritando peor para el sol, que por suerte el fin del mundo nos pilló bailando, y que como además sale gratis soñar, no hizo falta preguntar en ninguna farmacia por esas pastillas.
Y sin embargo… no todo fueron rosas, o quizás esas rosas tenían demasiadas espinas, y las lágrimas se escaparon con esa canción, con la que iba a llamarte. Porque si vivir es jugar… hay veces en las que no te apetece seguir jugando, porque las instrucciones no siempre se entienden, porque entran ganas de guardar ese juego y no sacarlo nunca más, porque seguro que ni viviendo dos veces podría olvidar la impotencia que he sentido estos días y que hoy aún siento. Paloma fue para ti, y esos aplausos no fueron para Andrés.

Y sí, estuve en Ávila, pero lo hubiera cambiado todo por estar esa noche contigo, porque recuerdo cómo estaba yo hace diez años y no quiero que pases lo mismo, porque me duele sólo de pensarlo, porque no te lo mereces, porque él no se lo merecía. Pensándolo mejor… creo que el fin del mundo no nos habría pillado bailando. Noche inolvidable, por el vinagre… y por las rosas, por tus lágrimas, por ti y por él.

A pesar del vinagre y las espinas, fui feliz durante las cuatro horas que duró ese concierto, porque como he dicho antes… necesitaba más que nunca que Sabina me cantara esa noche. Gracias a todos los que lo hicisteis posible.













MÚSICOS EN LA NATURALEZA
Hoyos del espino (Ávila) - 02/07/11