martes, 18 de agosto de 2009

Conocidos

Nunca me ha gustado coincidir con conocidos en el autobús.
Cuando era estudiante (utilizo ERA, pasado, porque ya sólo soy una idiota que todavía no ha terminado la carrera), pues eso, siempre me iba en autobús. Tardaba una media hora en llegar a mi facultad, a veces más, dependiendo del tráfico y de la cantidad de paradas que hiciera. La rutina siempre era la misma. Salía de mi casa tarde, la mayoría de los días el semáforo en rojo que paraba unos segundos al autobús era el cómplice perfecto para llegar a tiempo a la parada. Una vez montada buscaba un sitio libre cerca de una ventanilla, si no había me quedaba de pie, asegurándome de encontrar una barra colocada a una altura aparente para mi, porque algunas parecían que habían sido diseñadas por Gasol. Aquí empezaba mi media hora más sociable del día, no me apetecía encontrarme a nadie conocido. Siempre me ha gustado ir sola, con mi música y pensando en mis cosas. Ese tiempo era para mí, y me gustaba contar con él antes de entrar en clase. Odiaba coincidir con el amigo de la compañera de piso de una de mi clase que estudiaba… a saber, y me contaba lo agobiado que estaba por los exámenes de… a saber, o con la pesada de turno que sólo te habla para pedirte apuntes y que aparte de vaciarme media carpeta me contaba lo tarde que se había recogido ese fin de semana, o con la persona mayor que se bajaba en el Infanta y que antes de su parada te ponía al día de su historial clínico, incluso si le daba tiempo te comentaba lo que le había pasado a su vecina...
No se si mi madre tendrá razón cuando dice que desde chica fui rara, o mi amiga-cuñada-jefa Manoli, que dice que soy una rabúa. Pues puede ser. Rara, rabúa, idiota… seré todo eso, pero me gustaba estar esos minutos sola, no pedía tanto, sólo pasar un rato… tranquila, un rato desconectada. Tampoco hay que exagerar, a ver si ahora me vais a ver algún día en el autobús y vais a pensar: “uy, la tonta esta, no le voy a decir nada porque quiere estar en su mundo, sólo para ella”. No, tampoco es eso, a mis amigas me encantaba encontrármelas, venían bien esas risas antes de entrar en clase, no soy tan rabona. Pero en general eso… me gustaba ese “viajecito” metida en mis historias y sin tener que hablar sin ganas.

No se la verdadera razón de porqué he recordado ahora esto. Hay días que sin ninguna explicación te sientes sola, y echas de menos incluso a ese/a “cataplasma” que te hablaba en el autobús. No me voy a poner ahora a hablar de que la soledad cuando es buscada es positiva y de que te ayuda a encontrarte a ti misma y bla bla bla, no me gustan esas “pamplinas” tan místicas, yo no soy así. Cada persona necesita esos momentos, digamos, tranquilos y solos, pero cuando sientes eso… que los necesitas. Lo peor es sentirse así cuando no quieres, cuando estás rodeada de gente, de tu gente, y te sientes así, sola, entonces es cuando te agobias, y cuando te acuerdas de esas personas que te hablaban con la mejor intención y sin saber que tú estabas pensando: “le metía una patata en la boca y se callaba poco pronto”, y a lo mejor sólo era que esa persona se sentía ese día como yo ahora mismo y que lo único que necesitaba era que alguien le escuchara un poco. Tampoco es mi caso, por suerte cuento con gente que estaría dispuesta a escuchar si necesitara hablar, de eso no puedo quejarme, espero no llegar nunca a la situación de tenerme que desahogar con la del asiento de al lado. Pero hay días que salen así, sin más, que te sientes fuera de lugar, como esa pieza que no encaja en ningún puzzle (esto sí me ha quedado místico). Últimamente tengo esa sensación rara, que cada persona tiene su propia vida y que yo no pertenezco a ninguna de ellas, que cuando estoy… bien, y que cuando no estoy… no pasa nada. La verdad es que llevo un tiempo que nunca estoy, que lo fácil es estar en apariencia, lo difícil es que tu cabeza esté donde tiene que estar. Mejor no pensar y hacer las cosas más fáciles, no se debe buscar una explicación a todo, sólo hacer lo que de verdad te apetece y luchar por lo que quieres, aunque a veces te sientas algo sola en todo esto.

Creo que debo centrarme y encontrar pronto la parada donde bajarme, no quiero pasar mucho más tiempo metida en un autobús (frase profunda donde las haya).

Que tengáis también hoy un día soleado y a ver si puede ser que este sol no caliente tanto, joder, que vaya calorcito que hace por estas tierras :-)

2 comentarios:

Kike M dijo...

Tranquila, a mí me han visto como un rarito cuando decía que me iba a hacer El Camino de Santiago ¡solo!. Seguramente los raros eran ellos, porque no saben lo que se pierden.

Belen dijo...

Geliii!! te encontré!! =)